Como lo expresa el Dr. Justino Jiménez de Aréchaga en el tomo I de La Constitución Nacional: “A tenor de la Convención Preliminar, se establece el Gobierno de San José. Y allí se reúne por primera vez la Asamblea Constitutiva del Estado el 22 de noviembre de 1828(...). En medio de grandes dificultades políticas y financieras, confiado el Ejecutivo a Rondeau, como único medio de mantener el equilibrio entre dos fracciones que responden a la voluntad de dos caudillos, es que la Asamblea Constituyente preparará el primer texto constitucional de la República independiente”.
Ciento sesentaicuatro años después que es lo mismo que decir una guerra Grande, tres levantamientos revolucionarios, tres golpes de Estado y una muy reciente reinstitucionalización democrática después, en 1992, el entonces Presidente del Senado, Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez, en acuerdo con la Comisión de Asuntos Administrativos, establece el 22 de noviembre como fecha en la que a partir de entonces se celebrará y celebra el Día del Funcionario de la Cámara de Senadores. Se daba cumplimiento, así, a lo dispuesto por el artículo 1º del Proyecto de Resolución elaborado y elevado al Plenario por el ex senador Manuel Singlet y el artículo 1º del Proyecto de Resolución sustitutivo del que fue Miembro Informante el ex senador Carlos W. Cigliuti, secundado en la oportunidad por los entonces senadores Alvaro Alonso, Mariano Arana, Bari González Modernell y Dante Irurtia.
De la Exposición de Motivos elaborada por el ex senador Singlet, es interesante destacar el párrafo que se cita a continuación: “Consideramos que la práctica que proponemos a través de este proyecto de resolución, es conveniente y justa. Los funcionarios del Poder Legislativo cumplen una tarea de enorme responsabilidad, con horarios variados y normalmente extensos que obstaculizan el desempeño de otras actividades. Deben ser además, depositarios de la absoluta confianza de los legisladores ya que tienen acceso a los despachos, manejan documentación importante y reservada, etc. Resulta justo entonces el reconocimiento a quienes cumplen esta delicada labor durante muchos años con total dedicación, lo que hace que la vida misma del funcionario y aun de su familia tenga que adaptarse al ritmo de la actividad parlamentaria”.
Las palabras del legislador no hacen más que reconocer las singularidades de una tarea funcionarial que ha corrido y corre en estrecha convivencia con la realidad política de un país, a través de quienes elegidos por el pueblo elaboran las leyes que pautan el funcionamiento de la sociedad que los contiene a todos. Sin embargo, en estos últimos tiempos, y como producto de crisis no muy diferentes a aquellas que signaron los albores de la República a juzgar por las palabras de un eminente constitucionalista como Jiménez de Aréchaga, algunos sectores de la sociedad pretenden hacer tabla rasa a la hora de volverse, con el dedo acusador a quienes conforman el grueso de trabajadores de la Administración Pública, que muchas veces recibe el más impresionante calificativo de aparato del Estado, y dentro de este y de los Poderes que lo conforman, el Poder Legislativo en general y el Senado en particular, lejos de quedar exentos de ciertas apreciaciones injustas, ha sido y es el caldo de cultivo de aquellos que no ven en esta actividad, sino la forma de “pasarla bien” frente a otros “carenciados”. Existen, es cierto, realidades que están cambiando significativamente las características de la sociedad uruguaya; pero otras no cambian, no tienen por qué cambiar y son las que competen a la estructura de un Estado democrático en tanto este sigue existiendo, en este caso, el uruguayo, con tres Poderes y cada uno de esos Poderes con actividades, como la del Legislativo, que requiere del legislador para que elabore la ley, pero que también requiere del funcionario que, a pesar de la crisis actual, le solucione los problemas de orden administrativo y también legislativo, en lo que compete a los trámites que debe seguir la elaboración de la ley. Es entonces cuando se impone un necesario reconocimiento a una labor que por sus características, se diferencia significativamente de otras vinculadas con el Estado y aun de actividades fuera del espectro público. Porque lo que lamentablemente no se publicita es que, desde siempre en la vida parlamentaria, en la vida de la Cámara de Senadores, el legislador se ha confiado y confía en que a cualquier hora de cualquier día, cuenta con el concurso de tal o cual funcionario, ya que todos aquí están a la orden, sea la hora que sea. Por eso el funcionario del Senado, diferente al de otras reparticiones del Estado, no ve como descabellado el que lo vayan a buscar a su casa con la Policía, o en épocas de receso y fuera de uso de licencia por ejemplo en el asueto, entre otros casos deba dar cuenta de si permanece en su domicilio o se ausenta a algún balneario o fuera del país, amén de las tantas oportunidades en que, en otras épocas, tampoco muy lejanas, muchos funcionarios asimilados a las actividades en torno al estudio del Presupuesto General o al de la Rendición de Cuentas debían asistir en horarios y días tan agradables como lo pueden ser el sábado a las doce de la noche o el domingo a las tres de la tarde, o que el funcionario reciba la imprevista llamada de un compañero, para comunicarle que se tiene que presentar ya a sus funciones, porque algo pasó en el país que requiere del concurso de sus legisladores para buscar soluciones a través del tratamiento de ciertas futuras leyes y estos de quienes desde sus diferentes tareas, reparticiones, etc., trabajan en pro de una mayor efectividad en la labor parlamentaria en general y en la que compete al Senado en particular.
Por eso, también el legislador entendió como justo, hace varios años, apoyar la creación de una asociación que nucleara a los funcionarios del Senado y se convirtiera, a través de sus representantes elegidos por la masa de compañeros de actividades, en el saludable nexo entre estos y el Cuerpo, oficiando así como portavoz de los aspectos que pautan la realidad funcionarial, más que creando un nuevo tipo de relación senador-funcionario, ratificando en los derechos y obligaciones de cada uno una convivencia que, pese a los vaivenes que han pautado la historia política de la República, se remonta a aquellos tiempos en que Ellauri, Masini, Gadea, Barreiro y demás constituyentes que tuvieron en sus manos elaborar la primera Carta Magna, necesitaron del concurso de aquellos primeros referentes funcionariales que con el devenir del tiempo fueron conformando el cuerpo de funcionarios del actual Poder Legislativo en general y de la Cámara de Senadores en 1particular.
Finalmente, cabe destacar que en los Proyectos de Resolución antes mencionados, en ambos figura un reconocimiento a todos aquellos funcionarios con más de 30 años en una labor que, como expresábamos antes, se vincula con la historia legislativa y política, pero también con una historia cultural que está presente no sólo en aquellos reconocimientos a determinados valores, sino en el testimonio vivo de lo que es por ejemplo el edificio que contiene el Hemiciclo del Senado y el de la Cámara de Diputados, con testimonios que hablan de lo más destacado de la pintura, la escultura, la arquitectura nacional -para ese entonces de indudable influencia clásica en sus líneas grecorromanas- y acervo referencial ineludible en materia de textos jurídicos, literatura y ensayística, que hacen de la Biblioteca del Poder Legislativo la segunda más importante del país.
Realidades estas tan palpables y presentes, como es realidad un gremio que nuclea a funcionarios que día a día deben desarrollar su labor en medio de los vaivenes de toda actividad senatorial que refleja diferentes propuestas y actitudes políticas en medio de una crisis que también llegó a los funcionarios de la Cámara de Senadores quienes sin embargo, como ayer, hoy y siempre, bregan, junto a las autoridades del Cuerpo, por sacar adelante una labor que pese a la crisis, los recortes presupuestales y las limitaciones que llegan de forma abrupta, como en toda crisis, no conoce ni puede conocer de renunciamientos, buscando siempre, en la consolidación del gremio y en el reconocimiento a sus funcionarios con más de 30 años, salidas positivas allí donde a otros, muchas veces, los vence el pesimismo. |