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MONTEVIDEO - URUGUAY
 
 
PRIMERAS ACTAS

ACTA DE FUNDACION

ACTA DE DIRECTIVA
   
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acta fundación hoja 3  
   
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Los funcionarios del Senado están presentes a la hora que sean convocados y en este sentido hay gran parte de verdad en lo que dijo un día un viejo funcionario de la Cámara Alta, ya fallecido: “Frente a los problemas del Parlamento los problemas personales quedan de lado”. Seguramente esto suene exagerado, pero tiene su parte, su gran parte de verdad, en el entendido de que algunas horas del día de cada uno de los funcionarios transcurren dentro de este majestuoso edificio de mármol neoclásico, de lambrices relucientes, de pinturas, esculturas y bajorrelieves que conforman lo tradicionalmente más destacado de la historia artística de esta otrora Suiza de América y, sobre todo, de la historia política de un país que fue admirado y también envidiado por muchos, de dentro y fuera de fronteras. Por todo esto el funcionario del Senado hizo y ojalá que siga haciendo de su labor algo así como una extensión de las labores de su hogar, porque seguramente la Cámara de Senadores en particular y su viejo y aún venerable Palacio Legislativo en general -sede del Poder encargado de llevar adelante una de las tareas más delicadas a nivel gubernamental, como es la de elaborar una ley- ya forman parte cotidiana de la vida (material pero también espiritual y fraternal) de todos aquellos que, apoyando a quienes elegidos por el pueblo se encargan de legislar, ayudan -desde sus diferentes funciones- a que esta tarea se lleve a cabo más diligentemente en lo que a su aspecto administrativo se refiere.

Que el Día del Funcionario de la Cámara de Senadores sea entonces el día de la ratificación de esta unidad, esta fuerza y estos objetivos que persigue su Asociación, pero siempre con vistas a consolidar aquella labor de equipo -en la efectividad y la comprensión- entre sus miembros y el cuerpo legislativo para quien trabajan.

 

 

A. FU. CA. SE.
¿Quiénes somos?

Escribe: Guillermo Lopetegui

 

 

imagen Guillermo Lopetegui
 

Guillermo Lopetegui nació en Montevideo, Uruguay, el 26 de setiembre de 1955. Es funcionario de la División Gestión de Documentos (ex División Publicaciones) de la Cámara de Senadores.

Escritor y periodista, tiene en su haber ocho libros de cuentos: Ultimo reducto (1978), El rostro de Margarita Shaw (1981), El parque de los últimos regresos (1987), Brujas de aquí nomás (1993),

Crepúsculo de los cautivos 1998), Serias picardías (2002), Los reflejos en la noche y La esperanza y su sombra (ambos en 2007). Parte de su obra ha sido distinguida con diversos premios dentro y fuera del Uruguay. Cuentos suyos están traducidos al francés, inglés y ruso. Ha dado charlas sobre literatura y presentado libros de otros autores en Montevideo y otras ciudades de su país, como así también en Buenos Aires y Viena. Asistió a París como autor invitado por la Universidad de Paris III-Sorbonne-Nouvelle en 1987 y 1989. Como periodista se desempeñó en la prensa escrita, radial y televisada y cuenta en su haber con la realización de dos mediometrajes en formato video, ambos de 1998: Una mujer, una voz y Hildegard-Los caminos a la santidad.

 

UNIDAD, FUERZA Y OBJETIVOS

 

Entre el 25 y el 30 de octubre de 1995 quedó conformada la Asociación de Funcionarios de la Cámara de Senadores.

En una reunión llevada a cabo en la primera de las fechas, los asistentes a la misma resolvieron crear una asociación, mientras que en la segunda se elaboró la primera acta de la flamante asociación.

Hace trece años, entonces, se concretaba quizás lo que era una vieja aspiración por parte del funcionariado, teniéndose en cuenta que los tiempos habían cambiado y que era necesario unirse y así fortificarse ante los nuevos retos, cuando solo restaban cinco años para la entrada en un nuevo milenio, de cara al siglo XXI y a los sacudimientos que supondría para el mundo en general, con el 11S ya instaurado en la mente de la humanidad en 2001 y con la crisis económica sin precedentes que sufrió el Uruguay, en particular, en 2002.

A estas realidades se sumaron las que ven a nuestro país embarcado en otros cambios, que son los que vinieron con el primer gobierno de izquierda a partir de 2005; cambios no menos sacudidores que a la corta han resultado beneficiosos o negativos, según la perspectiva desde donde se los analice e interprete.

En todo este tiempo realmente crítico (que es lo que trae toda crisis), la Asociación de Funcionarios de la Cámara de Senadores se ha abocado y se aboca a no perder de vista lo que son sus tres principios fundamentales: mantener la unidad, no hacer declinar la fuerza y procurarse objetivos claros, que beneficien tanto a los funcionarios como a los legisladores para quienes los funcionarios realizan una labor -diversa, crecientemente tecnificada, pero que no deja de apostar a lo humano como forma de enriquecer y efectivizar las interrelaciones- que, de otra forma, resultaría prácticamente imposible.

No es menos cierto que en todo este tiempo algunos de los objetivos se lograron y muchos no, en una realidad que en los últimos años vio seriamente mermados los beneficios que los funcionarios habían ido consiguiendo, aun antes de que se constituyeran en unidad, fuerza y objetivos gremiales a partir de la creación de una asociación que velara por sus derechos. Las que se constituyeron en conquistas sociales -a partir del reconocimiento por parte de las pasadas décadas de legislaturas, de la labor, muchas veces a deshoras, que cumplen los funcionarios del Senado- fueron vistas poco más que como lujos injustos, desmedidos, frente a la realidad del país. Sin embargo, lo que gran parte de la prensa y una determinada cantidad de legisladores de épocas pasadas y presentes no han querido ver, es que en esa realidad nacional existen organismos estatales cuyos funcionarios perciben beneficios mayores que aquellos que la Cámara de Senadores fue procurando para quienes conforman su parte funcionarial. La diferencia, quizás, sea que del Poder Legislativo en general; de la Cámara de Senadores en particular y dentro de ella de sus funcionarios, jamás hubo una “denuncia” que dañara las realidades sociales de otras reparticiones del Estado. No es menos cierto, también, que situándose más o menos en el medio de esa escala de beneficios, los funcionarios del Senado han percibido y perciben mejores retribuciones que otras reparticiones y esto habla de la naturaleza del trabajo y del tiempo que este insume, tratándose de que la materia con la que se trabaja es la elaboración de una ley. Esto supone, muchas veces, largas jornadas de debate a nivel de las comisiones hasta que el proyecto aprobado en la comisión respectiva entra en Sala, o sea en el Plenario, lo cual muchas veces significan días y horarios que exceden la jornada laboral normal, como generalmente ocurre en épocas de tratarse el Presupuesto General o la Rendición de Cuentas.

 
DIA DEL FUNCIONARIO*
 
 

Como lo expresa el Dr. Justino Jiménez de Aréchaga en el tomo I de La Constitución Nacional: “A tenor de la Convención Preliminar, se establece el Gobierno de San José. Y allí se reúne por primera vez la Asamblea Constitutiva del Estado el 22 de noviembre de 1828(...). En medio de grandes dificultades políticas y financieras, confiado el Ejecutivo a Rondeau, como único medio de mantener el equilibrio entre dos fracciones que responden a la voluntad de dos caudillos, es que la Asamblea Constituyente preparará el primer texto constitucional de la República independiente”.

Ciento sesentaicuatro años después que es lo mismo que decir una guerra Grande, tres levantamientos revolucionarios, tres golpes de Estado y una muy reciente reinstitucionalización democrática después, en 1992, el entonces Presidente del Senado, Dr. Gonzalo Aguirre Ramírez, en acuerdo con la Comisión de Asuntos Administrativos, establece el 22 de noviembre como fecha en la que a partir de entonces se celebrará y celebra el Día del Funcionario de la Cámara de Senadores. Se daba cumplimiento, así, a lo dispuesto por el artículo 1º del Proyecto de Resolución elaborado y elevado al Plenario por el ex senador Manuel Singlet y el artículo 1º del Proyecto de Resolución sustitutivo del que fue Miembro Informante el ex senador Carlos W. Cigliuti, secundado en la oportunidad por los entonces senadores Alvaro Alonso, Mariano Arana, Bari González Modernell y Dante Irurtia.

De la Exposición de Motivos elaborada por el ex senador Singlet, es interesante destacar el párrafo que se cita a continuación: “Consideramos que la práctica que proponemos a través de este proyecto de resolución, es conveniente y justa. Los funcionarios del Poder Legislativo cumplen una tarea de enorme responsabilidad, con horarios variados y normalmente extensos que obstaculizan el desempeño de otras actividades. Deben ser además, depositarios de la absoluta confianza de los legisladores ya que tienen acceso a los despachos, manejan documentación importante y reservada, etc. Resulta justo entonces el reconocimiento a quienes cumplen esta delicada labor durante muchos años con total dedicación, lo que hace que la vida misma del funcionario y aun de su familia tenga que adaptarse al ritmo de la actividad parlamentaria”.

Las palabras del legislador no hacen más que reconocer las singularidades de una tarea funcionarial que ha corrido y corre en estrecha convivencia con la realidad política de un país, a través de quienes elegidos por el pueblo elaboran las leyes que pautan el funcionamiento de la sociedad que los contiene a todos. Sin embargo, en estos últimos tiempos, y como producto de crisis no muy diferentes a aquellas que signaron los albores de la República a juzgar por las palabras de un eminente constitucionalista como Jiménez de Aréchaga, algunos sectores de la sociedad pretenden hacer tabla rasa a la hora de volverse, con el dedo acusador a quienes conforman el grueso de trabajadores de la Administración Pública, que muchas veces recibe el más impresionante calificativo de aparato del Estado, y dentro de este y de los Poderes que lo conforman, el Poder Legislativo en general y el Senado en particular, lejos de quedar exentos de ciertas apreciaciones injustas, ha sido y es el caldo de cultivo de aquellos que no ven en esta actividad, sino la forma de “pasarla bien” frente a otros “carenciados”. Existen, es cierto, realidades que están cambiando significativamente las características de la sociedad uruguaya; pero otras no cambian, no tienen por qué cambiar y son las que competen a la estructura de un Estado democrático en tanto este sigue existiendo, en este caso, el uruguayo, con tres Poderes y cada uno de esos Poderes con actividades, como la del Legislativo, que requiere del legislador para que elabore la ley, pero que también requiere del funcionario que, a pesar de la crisis actual, le solucione los problemas de orden administrativo y también legislativo, en lo que compete a los trámites que debe seguir la elaboración de la ley. Es entonces cuando se impone un necesario reconocimiento a una labor que por sus características, se diferencia significativamente de otras vinculadas con el Estado y aun de actividades fuera del espectro público. Porque lo que lamentablemente no se publicita es que, desde siempre en la vida parlamentaria, en la vida de la Cámara de Senadores, el legislador se ha confiado y confía en que a cualquier hora de cualquier día, cuenta con el concurso de tal o cual funcionario, ya que todos aquí están a la orden, sea la hora que sea. Por eso el funcionario del Senado, diferente al de otras reparticiones del Estado, no ve como descabellado el que lo vayan a buscar a su casa con la Policía, o en épocas de receso y fuera de uso de licencia por ejemplo en el asueto, entre otros casos deba dar cuenta de si permanece en su domicilio o se ausenta a algún balneario o fuera del país, amén de las tantas oportunidades en que, en otras épocas, tampoco muy lejanas, muchos funcionarios asimilados a las actividades en torno al estudio del Presupuesto General o al de la Rendición de Cuentas debían asistir en horarios y días tan agradables como lo pueden ser el sábado a las doce de la noche o el domingo a las tres de la tarde, o que el funcionario reciba la imprevista llamada de un compañero, para comunicarle que se tiene que presentar ya a sus funciones, porque algo pasó en el país que requiere del concurso de sus legisladores para buscar soluciones a través del tratamiento de ciertas futuras leyes y estos de quienes desde sus diferentes tareas, reparticiones, etc., trabajan en pro de una mayor efectividad en la labor parlamentaria en general y en la que compete al Senado en particular.

Por eso, también el legislador entendió como justo, hace varios años, apoyar la creación de una asociación que nucleara a los funcionarios del Senado y se convirtiera, a través de sus representantes elegidos por la masa de compañeros de actividades, en el saludable nexo entre estos y el Cuerpo, oficiando así como portavoz de los aspectos que pautan la realidad funcionarial, más que creando un nuevo tipo de relación senador-funcionario, ratificando en los derechos y obligaciones de cada uno una convivencia que, pese a los vaivenes que han pautado la historia política de la República, se remonta a aquellos tiempos en que Ellauri, Masini, Gadea, Barreiro y demás constituyentes que tuvieron en sus manos elaborar la primera Carta Magna, necesitaron del concurso de aquellos primeros referentes funcionariales que con el devenir del tiempo fueron conformando el cuerpo de funcionarios del actual Poder Legislativo en general y de la Cámara de Senadores en 1particular.

Finalmente, cabe destacar que en los Proyectos de Resolución antes mencionados, en ambos figura un reconocimiento a todos aquellos funcionarios con más de 30 años en una labor que, como expresábamos antes, se vincula con la historia legislativa y política, pero también con una historia cultural que está presente no sólo en aquellos reconocimientos a determinados valores, sino en el testimonio vivo de lo que es por ejemplo el edificio que contiene el Hemiciclo del Senado y el de la Cámara de Diputados, con testimonios que hablan de lo más destacado de la pintura, la escultura, la arquitectura nacional -para ese entonces de indudable influencia clásica en sus líneas grecorromanas- y acervo referencial ineludible en materia de textos jurídicos, literatura y ensayística, que hacen de la Biblioteca del Poder Legislativo la segunda más importante del país.

Realidades estas tan palpables y presentes, como es realidad un gremio que nuclea a funcionarios que día a día deben desarrollar su labor en medio de los vaivenes de toda actividad senatorial que refleja diferentes propuestas y actitudes políticas en medio de una crisis que también llegó a los funcionarios de la Cámara de Senadores quienes sin embargo, como ayer, hoy y siempre, bregan, junto a las autoridades del Cuerpo, por sacar adelante una labor que pese a la crisis, los recortes presupuestales y las limitaciones que llegan de forma abrupta, como en toda crisis, no conoce ni puede conocer de renunciamientos, buscando siempre, en la consolidación del gremio y en el reconocimiento a sus funcionarios con más de 30 años, salidas positivas allí donde a otros, muchas veces, los vence el pesimismo.

Guillermo Lopetegui

*Leído por el autor en acto celebrado en la Sala de Fiestas del Palacio Legislativo, el 22 de noviembre de 2002, con motivo de celebrarse el Día del Funcionario de la Cámara de Senadores.

 
   
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